otra cerveza?

publicado el Thursday 18 March 2004

23 de Julio
Juan llegó a su casa a la misma hora de siempre. La puntualidad era un deber. Cansado por la dura jornada, se desplazaba lentamente. Guardó su maletín en el lugar ideado para ello. No podía ser de otro modo. El orden es fundamental para una vida placentera. Al entrar en el salón, saludó y dió un esquivo beso a Elena que en aquel momento yacía tumbada en el sofá. La educación ante todo. Se quitó la corbata, la dobló con sumo cuidado y la colgó en el armario. Hizo lo mismo con el resto de su ropa y se puso las zapatillas. A continuación se dirigió a la cocina, cogió los platos que con anterioridad había preparado Elena, los metió en el microondas y esperó a que se calentaran. Los llevó a la mesa. Se sentó sin arrastrar lo más mínimo la silla, había que respetar el descanso de los vecinos. La buena cordialidad entre la comunidad era un fundamento básico.
Mientras Juan realizaba dichas tareas, Elena apuraba el periódico leyendo las últimas noticias. Nada de extraordinario. El planeta continuaba su particular carrera hacia la autodestrucción, guerras en los cinco continentes, accidentes nucleares, el efecto invernadero, la desertización, el agujero de la capa de ozono, el hambre y la sed, los maltratos familiares, la tortura, el fanatismo religioso, las vacas locas y la fiebre aftosa… etc. Demasiados problemas para digerir en una tarde. Pero ella era afortunada. Quince años de matrimonio y se querían como el primer día, a pesar de la exagerada afición de Juan por la perfección. Todos tenemos algún defecto – pensaba. La cena transcurrió en silencio. Juan la miraba y ella sonreía.

24 de Julio
Alfredo apagó las luces y se acercó a la ventana. Corrió las cortinas y parapetado tras ellas, observó con unos prismáticos nuevos, comprados para la ocasión, el apartamento de enfrente. En él, una mujer madura quitaba el polvo de los muebles, barría y fregaba el suelo. Alfredo disimulaba su imagen de adolescente con un proyecto de bigote, pero el acné le delataba. No tenía una gran experiencia en el tema sexual. Bueno, a la Silvia una vez le tocó los pechos, pero no se enteró de nada debido a su estado de embriaguez. Sudaba y aunque el calor era sofocante, esa no era la causa. Su mente iba más allá de que allí veía. Su imaginación le descubría los íntimos secretos de un excitante cuerpo. La camiseta ceñida y el pantalón corto y ajustado de la vecina dejaban entrever unos puntiagudos pezones y un redondeado trasero. Más tarde y para desilusión de Alfredo, desapareció en lo que supuso era la cocina.

25 de Julio
Antonio solo debía entregarle las carpetas con el expediente del nuevo cliente, pero esperó a que Juan acabara de hablar por teléfono. Quería saber que era lo que le preocupaba últimamente. Le pasaba algo y deseaba ayudarlo. Juan además de compañero era un buen amigo.
—¿Qué té pasa? Estás raro.
—Llevo una semana que no duermo. Me paso las noches dándole vueltas a un pensamiento. Sospecho…
—¿Se trata del caso del joven condenado por violación?
—No, no es nada relacionado con el trabajo. Se trata de Elena. Ultimamente se arregla demasiado. Se pinta y a menudo va a la peluquería. Creo que tiene un “lio”.
—Venga tio. Elena te quiere. Jamás haría una cosa así. Es feliz contigo. Se le nota en la cara cuando te mira.
—Mira, yo la quiero con locura y si me dejara… sería capaz de suicidarme.
—Oye, yo te aprecio mucho y creo que deberías hacerte un favor: deja a un lado los celos, piensa que todo se aclarará y comprobarás que solo era una tontería sin importancia.
Juan, ante la perplejidad de Antonio y sus compañeros, se marchó dos horas antes de lo habitual de la oficina. Su plan se limitaba a pillar “in fraganti” a los supuestos amantes.
Elena entró corriendo. Ni siquiera se fijó en que la ventana estaba abierta. Sacó de la bolsa lo que había comprado y se fue directa a la ducha. Quería sorprender a Juan. Hacía dias que se mostraba escurridizo. Evitaba todo contacto sensual. Quizás ya no la encontraba atractiva. Por eso se compró un conjunto de fina lencería, para estar lo más bella posible. Su intención era reconquistarlo. Que volviera a sentir una pasión lividinosa irremediable. Se duchó, se perfumó y se pintó los labios de rojo carmín. Se puso la ropa interior y se tapó con una bata de seda. A continuación se dispuso a preparar el mejor de sus platos. Ya se sabe que una suculenta cena puede ser el preludio de una interminable noche de amor.
Elena se asustó cuando oyó el ruido de unas llaves abriendo la puerta de la calle. No podía ser Juan. Dos horas antes… imposible. Pero la evidencia le dejó más que atónita. Juan entró como un toro, con ojos desencajados, resoplando. Tiró el maletín al suelo y sin saludar pasó por delante de ella. Comenzó una desesperada búsqueda, abriendo y cerrando puertas, golpeando marcos y muebles. Elena le seguía con los brazos abiertos, preguntándole que era lo que le pasaba y él no dejaba de gritar: ¿dónde está? ¿dónde lo has escondido?
Alfredo pidió una cerveza al camarero. Esperó, en el bar, la llegada de sus amigos que a aquella hora solían reunirse para conversar y contarse las novedades del día. Los sucesos acaecidos en el Instituto y los planes para el fin de semana. Junto a él se sentó Javier, más conocido con el alias de “el Manara” por su afición al autor de “el clic”, el famoso comic erótico. Como era de esperar, la conversación trascendió por los devaneos amorosos de unos principiantes ávidos de descubrir todo lo referente al sexo y sus consecuencias.
—Esta tarde ha sido genial. ¿Te acuerdas de la vecina de la que te hablé? Pues, hoy, llegó a su casa con una bolsa, de esas de moda, de las que cualquier prenda ridícula te vale un “ojo de la cara” y sacó unas braguitas y un sostenedor, impresionantes, de color negro con encajes. Después se fué a la ducha y se presentó delante de la ventana… tal como su madre la trajo al mundo.
—¡No jodas, tio! ¡Que fuerte!
—No te puedes imaginar el cuerpazo que tiene la tia. ¡Por poco me da un infarto!
—No me extraña.
—Es como una de esas tias que dibuja Manara. Y eso que cuando va vestida normal no lo parece.
—¡Cuánto hubiera dado por estar allí!, pero sigue, sigue.
—Pues bien. Luego se puso las braguitas, con tales movimientos que a mí se me caía la baba y la temperatura de la habitación subió varios grados. Me dolían los ojos de tanto apretarlos contra los cristales de los prismáticos. Cuando acabó de ponerse el sostenedor, mi pene parecía el mastil de un barco y sin masturbarme llegué al mejor orgasmo de mi corta vida sexual.
—Seguro que lo hizo a propósito. Para ponerte caliente y después dejarte con los dientes largos.
—Yo creo que a esa tia le va el rollo “voyeur”. A su marido no se le debe levantar y busca saciarse con miradas obscenas de un joven como yo.
—¿Y como acabó todo?
—Pues, sucedió una cosa muy rara. El marido siempre llegaba a las nueve de la noche y hoy se presenta a las siete. Yo pensé que cuando la viera, semidesnuda, le arrancaría la bata de un tirón y lo harían allí mismo pero… el tio entró como un loco, gritando, gesticulando y dando golpes por todas partes y la vecina caminaba detrás de él con cara de alucinada.
—¡Vaya pasada!
—Y que lo digas. ¿Otra cerveza?

Betros

este es otro de los cuentos betros (escritor, español y por sobre todas las cosas amigo), se acuerdan del anterior?

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19 comentarios para 'otra cerveza?'

  1.  
    18/03/2004 | 14:15
     

    Prometo leerlo con tiempo y después te cuento :)

  2.  
    18/03/2004 | 14:31
     

    Ironías de la vida, ¿no? :)
    Me gustó el relato :)

  3.  
    18/03/2004 | 15:13
     

    Me persiguen porque soy paranoico… sé que estas ahí…

  4.  
    18/03/2004 | 15:14
     

    salí! ;-D

  5.  
    18/03/2004 | 16:00
     

    hola peorcita! están buenos los cuentos del amigo betros. barcelona es una fuente inagotable de imaginación y amigos :-D
    buenas tardes pretty! la vida está llena de ironís, y esta es una de las más habituales, no?
    besos guapa :-*

  6.  
    18/03/2004 | 16:01
     

    sergio, tené cuidado que alguien te está siguiendo, mirá por sobre tu bloghombro ;-)

  7.  
    18/03/2004 | 16:03
     

    jejeje!
    creo que ya se de qué se trata, hombre argentino tenía que ser :-P

  8.  
    18/03/2004 | 16:06
     

    ¿y a mí por qué me miran?

  9.  
    18/03/2004 | 16:11
     

    ;-)

  10.  
    coneja...
    18/03/2004 | 16:42
     

    lo suyo son los cuentos… ah…

  11.  
    18/03/2004 | 16:52
     

    Ylek, me ha gustado mucho, curioso final! de todas formas, ese hombre tan tan ordenado y tan tan perfeccionista me da que debe ser muy aburrido en la cama.XD Mejor que la vecina pase de él XD Petonets :** Eis…que sí que sí que lo del diccionario es divertido!

  12.  
    18/03/2004 | 16:52
     

    coneja!!!
    qué lindo saber de vos :-D ¿cuándo volvés?
    besos desde baires

  13.  
    18/03/2004 | 16:54
     

    mi memoria, estabamos escribiendo a la vez :-D si, yo opino lo mismo, ese tío debe ser de lo más aburrido, al cohete comprarse lencería para lucirla con él :-P vamos con el diccionario!
    ¿quién arma la página?
    :-*

  14.  
    18/03/2004 | 16:57
     

    Ay, eso de las miradas me mata. Para mi mirar es un sentido que debo satisfacer, como si tuviera hambre y comiera. Bueno, yo necesito mirar… lo que sea las personas, los agujeros, los animales, las nubes, el cielo, el suelo.
    Me gustó, aunque me quedé con ganas de que siguiera.

  15.  
    18/03/2004 | 17:38
     

    ugh.. yo soy extremadamente obseso-compulsiva con el órden.
    pero aburrida en la cama supongo q no.
    tendré q hacer un sondeo entre mi actual y mis ex’s
    emilin con CCO? juaaaaaaaaaaas!!!!

  16.  
    18/03/2004 | 20:33
     

    qué hermoso tenerte de visita paterna
    mirar árboles glotones también, no? ;-) ya habrá más cuentos :-)
    pattyce… yo que vos no lo difundía tanto, se te puede armar lío :-P

  17.  
    18/03/2004 | 22:12
     

    muy bueno el relato

    Sergio: “hace tiempo que te veía venir”

  18.  
    A.
    19/03/2004 | 5:17
     

    Quince años y no saberse ver…
    Así pasa cuando sucede.

  19.  
    19/03/2004 | 8:01
     

    jejejej, así que eras vos el que lo seguía, first tango ;-)
    hola A. …y es una pena la cantidad de veces que sucede, no?
    beso :-*

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