Hubiera querido tomarme el día y amanecer tarde en mi camita, no pudo ser, así que me dispuse a ir al trabajo like ever. Primera cosa extraña: no escuché el despertador, aunque quizá lo justo sería decir que no sonó, porque de haberlo hecho lo hubiera escuchado como lo hago todos los días. Después, algunas actividades laborales no se dieron como lo esperaba y más luego, el almuerzo con amigos planeado a base de pizza a la parrilla fue con pizzetas onda panadería (realmente feas) porque “al mediodía la parrilla está ocupada con comida y no las hacen” (mozo del’ort dixit –dicho sea de paso el mozo en sí mismo merece un escrito, era un compilado de cagadas al paso-); será que la pizza no es comida…
No me estaba justando mucho el alineamiento planetario para mi honomástico, pero en realidad no era nada grave, sólo algunas contrariedades que se solucionaban con buena compañía y champagne.
Tenía un turno médico acordado para ese día al que llegaba muy justa de tiempo, así que subí rauda y al pedo a un taxi, la doc no fue ese día por “problemas personales” y la secretaria se había olvidado la llave del cajón donde tenía la agenda con los teléfonos de los pacientes de ese día para cancelar (parece que por ahí no se enteraron que la pc, además de para chatear y para conectarse al FB podría servir para tener una agenda digital).
Esbocé una queja pero ya me estaba dando por c… Pero créase o no, todavía era un buen día.
En casa me esperaba mi madre y Theo, ellos iban a decorar una torta con confites de chocolate, así que un par de cuadras antes de llegar llamé para ver si hacía falta que comprar algo. Tenían todos los elementos necesarios, así que fui para allá. Cuánto pude haber tardado? dos minutos? tres?
Cuando llegué mi casa era un caos, mi mamá se había mareado estando al lado del ventanal del comedor y lo había atravesado, Theo que estaba en el tobogán del balcón (o sea, justo en el sector donde cayeron los vidrios) vino corriendo a los gritos y llorando a recibirme, la chica que lo cuida no paraba de temblar, mi mamá lloraba, había un reguero de vidrios en el piso como si hubiese explotado una bomba, y no era para menos, cada hoja del ventanal tiene 2 x 1,5 metros. Mi mamá había tenido un pico de presión.
Mientras le estábamos tomando la presión, los globos que ella con Theo habían inflado empezaron a explotar espontáneamente… y bue… hasta los globos querían hacer su aporte.
Porqué digo que mis 47 fueron extraños y no una reverenda mierda? Porque mi mamá y mi hijo todavía están vivos, ese vidrio podría haberlos matado a los dos. Mi mamá produjo la rotura con su cabeza, con lo cual lo lógico hubiera sido que sufriera un corte importante, sino descabezado; pero no, sólo se cortó un poco la mano, y Theo estaba a 50 cm de donde cayeron pedazos de vidrio, algunos más grandes que él mismo. O sea, mis 47 fueron extraños, pero podrían haber sido nefastos….
Gracias universo
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