publicado el 13/10/2003
entre tanto Amor, siempre con el arco,
que en ningún momento había dejado
de seguir mis pasos y estar al acecho,
se había parado cerca de una higuera.
y cuando, por fin, pudo comprobar
que había elegido de entre los demás
el bello capullo, por mí preferido
a todos los otros que allí se encontraban,
sin perder más tiempo se dispuso a herirme.
y una vez que tuvo la cuerda empulgada,
levantó, tensándolo hasta tras la oreja,
el arco, el cual era de una gran potencia,
y apuntó hacia mí, con tal puntería,
que a través del ojo me alcanzó en el cuerpo
con una saeta muy aguda y fina.
un frío mortal sentí por mi cuerpo,
el cual desde entonces, aún muy bien vestido,
me produciría múltiples temblores.
nada más sentir en mí tal herida
inmediatamente me vi por los suelos:
mis fuerzas fallaron, perdí mi sentido
y estuve inconsciente durante algún tiempo.
mas cuando volví a recuperar
el conocimiento y pude pensar,
vi que aún vivía, aunque suponía
que había perdido muchísima sangre;
pero la saeta que me atravesó
no había causado ninguna sangría,
sino que la herida se encontraba seca.
fragmento del roman de la rose, de guillaume de lorris y jean de meun, siglo XIII.
guillaume de lorris escribió los primeros 4.052 versos de este romance, a los cuales pertenece el fragmento que copié, alrededor del año 1237; y jean de meun los 17.722 restantes más o menos por el 1276.









