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	<title>Todo lo sólido... se desvanece en el aire &#187; cuentos</title>
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	<description>todo lo sagrado se profana</description>
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		<title>la actualidad de la manzana de tell o como los infelices joden a la buena gente</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jul 2005 13:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ylek</dc:creator>
				<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[pensamientos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;vivía tranquilo, inocente, sin que nunca dirigiera mis tiros más que a los animales del bosque, ni hubiese manchado mi conciencia con la idea del asesinato, cuando tú, tú viniste a perturbar mi paz, tú has emponzoñado mis pensamientos, antes piadosos, tú me habituaste al crimen. quien puede disparar a la cabeza del hijo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<blockquote><p>&#8220;vivía tranquilo, inocente, sin que nunca dirigiera mis tiros más que a los animales del bosque, ni hubiese manchado mi conciencia con la idea del asesinato, cuando tú, tú viniste a perturbar mi paz, tú has emponzoñado mis pensamientos, antes piadosos, tú me habituaste al crimen. quien puede disparar a la cabeza del hijo de su alma, puede también herir en el corazón a su enemigo</p>
<p>fuerza es que les defienda de tu cólera, gobernador, a mis pobres, inocentes hijos, a mi fiel esposa. cuando mi mano trémula tendió la cuerda del arco, y tú me forzaste con astucia infernal a apuntar contra mi hijo; cuando suplicante y exánime, me viste a tus pies, ¡ah! entonces hice en el fondo de mi corazón un juramento horrible, que oyó tan sólo el cielo; juré que tu pecho sería el blanco de mi primer tiro. lo que prometí en aquel instante de infernal angustia, es una deuda sagrada y quiero pagarla&#8221;</p>
<div align="right"><em><a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Schiller/GuillermoTell.asp">guillermo tell</a></em></div>
</blockquote>
<p>
así como quien no quiere la cosa me encontré pensando en guillermo tell y en su famosa historia con la manzana y el hijo. indefectiblemente al pensar en este relato asocio con el momento en que tell tiene que apuntar y acertar con una flecha en la manzana que está apoyada sobre la cabeza de su hijo</p>
<p>cómo llega a esa situación? qué lo lleva a aceptar el desafío? acaso no puede negarse? no podría haber tenido más cuidado al cruzar la plaza?</p>
<p>en la historia misma están las respuestas&#8230;</p>
<p>tell, que es más bueno que el agua mineral sin gas, vive en un pueblecillo que está gobernado por un alcalde, en representación del emperador, que es un retorcido de mierda, injusto y escencialmente cruel. es una de esas personas que depositan en los demás la culpa de su infelicidad. la cuestión es que ese gusano ordenó poner en la plaza del pueblo un sombrero que, según él, representaba la autoridad del emperador y por lo tanto todos tenían que inclinarse en señal de respeto y sumisión cuando pasaran por <acronym title="obviamente era casi imposible esquivar el centro del pueblo">el lugar</acronym></p>
<p>como dije, el <acronym title="ballestero para ser exactos">arquero</acronym><acronym> suizo era un buen tipo, pero bondad no es sometimiento. lo sabrá el alcalde? seguramente si. supongo que habrá sido demasiado para su pobre persona tener enfrente a un buen tipo, honesto, valiente y que además tuviera una vida real, propia,  independiente de sus maldades. no deben hacer falta más motivos para que un infeliz te odie</p>
<p>volviendo a la historia, guillermo tell pasa delante del sombrero y como venía de lo más entretenido hablando con su hijo ni lo registra. obviamente los guardias lo quieren meter preso, pero llega el alcalde y pone las cosas en </acronym><acronym title="lugar de mierda que solo una persona de mierda puede plantear">su lugar</acronym>: no irá a la carcel si ensarta con una de sus flechas la manzana que ponen sobre la cabeza de su hijo. si se niega a disparar, un verdugo ejecutará al pibe y listo</p>
<p>tell no quiere confrontar teniendo la vida de su hijo de por medio. pide perdón, dice que no va a volver a pasar. pero al alcalde todo le importa un pito. le divierte mucho la situación perversa que se le ocurrió. insiste en que si él no quiere disparar contra su hijo, lo dejará en manos de un verdugo</p>
<p>tell no tiene opción</p>
<p>padre e hijo se conocen, se acompañan, se sostienen. las cosas se presentaron complicadas para ellos ese día, pero no por eso se enredaron en la locura del gobernador. el tirano seguramente pensó que con sumirlos en la angustia, humillarlos, enfrentarlos entre si, poner a uno en el lugar de asesino del otro era suficiente para doblegar un espíritu como el de los tell. pero le erró fiero, los espíritus libres no se doblegan</p>
<p>cómo dice uno de los personajes de la historia: <em>&#8220;el flechazo ha sido bueno, pero ¡ay de aquel que ha forzado este hombre a tentar a la providencia!&#8221;</em></p>
<p>tell había colocado dos flechas en su ballesta. al acertar la primera sin lastimar a su hijo, guarda la segunda y comienzan a irse. el alcalde no aguanta la curiosidad y le pregunta para qué era la segunda flecha.  tell le contesta con toda sinceridad: <em><strong>pues bien señor; si hubiese tocado a mi hijo del alma, con esta segunda flecha disparaba contra vos, y juro al cielo que esta vez&#8230; no hubiera errado el golpe</strong></em></p>
<p>pobre de aquel que lastime o me ponga en situación de lastimar a quienes quiero&#8230; diría tell, diría yo</p>
<p>tenía este post a medio hacer desde hace un par de semanas. ver que en <a href="http://algoazul.blogspot.com/2005/07/guillermo-tell-el-taxista-y-el-drb.html">algo azul</a> apareció el mismísimo tell me sonó a señal de los bytes para terminarlo y postearlo como san blog manda <img src='http://todolosolido.com.ar/weblog/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':-P' class='wp-smiley' /> </p>
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		<title>ventana a mi</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Dec 2004 06:12:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ylek</dc:creator>
				<category><![CDATA[ahora]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[dudas]]></category>

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		<description><![CDATA[camino sola por acá por este acá que fue mío, que elegí para que fuera mío ¿cuánto tiempo duró eso? un año&#8230; año y pico a lo sumo. sumo que no fue ni un luca, sumo que fue un resto. siempre fui buena en matemáticas, no entiendo como confundí ese resto con un sumo anyway, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>camino sola por acá<br />
por este acá que fue mío, que elegí para que fuera mío ¿cuánto tiempo duró eso? un año&#8230; año y pico a lo sumo. sumo que no fue ni un luca, sumo que fue un resto. siempre fui buena en matemáticas, no entiendo como confundí ese resto con un sumo<br />
anyway, la cuestión es que después de esa adición de sustracciones, todo, absolutamente todo, estuvo contaminado por su presencia<br />
hoy, ahora, en este balcón -que debería ser aquel balcón pero no lo es- se encadenan momentos<br />
un paso, un momento; otro y otro, y así y así. borde. límite geográfico. qué bajita es la pared y que altos los nueve pisos -cuántos metros serán? 25? &#8230;?-<br />
unos pasos atrás y llego al don pirulero &#8230;cada cuál, cada cuál atiende su juego y el que no, y el que no una prenda tendrá&#8230; pero no 25 metros, mucha prenda para tan poco juego<br />
bien ahí! adelanto 21 casilleros y vuelvo al balcón, al champagne, al sudor, a las ostras, al queso, a los te quiero hoy, a las miradas que se convierten en manos que se convierten en lenguas que bajan por el cuerpo, que entran en el cuerpo, que son cuerpos&#8230; derretidos, lamidos, disfrutados, deglutidos, masticados, entrelazados, atrapados<br />
me envuelve, lo envuelvo, nos envuelven<br />
nos aprietan<br />
nos pisan<br />
nos quiebran</p>
]]></content:encoded>
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		<title>todo ha salido perfecto, como siempre</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Aug 2004 17:19:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ylek</dc:creator>
				<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[meu amic]]></category>

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		<description><![CDATA[los cuentos de pepín l. ariza están a medio camino entre el realismo mágico sudamericano (cortázar, borges, garcía márquez) y el urbanismo social mediterráneo (calders, monzó, mrozeck). la dimensión de todos los relatos es breve, todos transcurren en una fragancia dialogada, lo justo para que el lector descubra en cada uno de ellos una gran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img title="betros :-)" src="http://todolosolido.f2o.org/archivos/libro2.jpg" width="100" height="149" border="0" align="left" hsapace="10" /><i>los cuentos de pepín l. ariza están a medio camino entre el realismo mágico sudamericano (cortázar, borges, garcía márquez) y el urbanismo social mediterráneo (calders, monzó, mrozeck). la dimensión de todos los relatos es breve, todos transcurren en una fragancia dialogada, lo justo para que el lector descubra en cada uno de ellos una gran historia, unos personajes complejos y unos desenlaces sorprendentes. de ágil narrativa y de fresca inspiración, pepín l. ariza nos cuenta historias que nos provocan la sonrisa cómplica pero también la lágrima escondida en el pasado más cruel</i></p>
<p>mi gran amigo, pepín ariza, ha publicado su primer libro: <a href="http://todolosolido.f2o.org/archivos/libro1.php" onclick="window.open('http://todolosolido.f2o.org/archivos/libro1.php','popup','width=300,height=433,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false">todo ha salido perfecto, como siempre</a><br />
gracias a que me permitió publicar algunos de sus cuentos en el blog, hemos tenido <a href="http://todolosolido.f2o.org/archivos/000281.php">un</a> <a href="http://todolosolido.f2o.org/archivos/000226.php">adelanto</a> de este espectacular libro que, además, me ha dedicado&#8230;si, si, esa de argentina soy yo<br />
o_O<br />
gracias josé por todos estos años compartidos venciendo las distancias<br />
un besazo pa&#8217;ti :-*</p>
<p><center>compren el libro <img src='http://todolosolido.com.ar/weblog/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' /> </center></p>
<p><small>si quieren otro &#8220;adelanto&#8221; sigan leyendo</small><br />
<span id="more-381"></span><br />
<b>todo ha salido perfecto, como siempre</b></p>
<p>un leve zumbido alerta de la recepción de un nuevo fax. robert lo esperaba hacía días y pocas veces se equivoca. lee con detenimiento el mensaje mientras la expresión de su cara va pasando de la sorpresa a la indignación. el jefe le comunica, en pocas palabras, que va a ser jubilado.<br />
      robert monta en cólera, sabe lo que significa esa palabra. hace añicos el fax y lo desparrama en el suelo. golpea las paredes, grita improperios, blasfema y de un certero puñetazo rompe el cristal de una puerta. sangra abundantemente pero no se queja. la ira es más fuerte que el dolor.<br />
      vanessa se lanza sobre él, asustada. le agarra la mano y lo arrastra hacia el lavabo a la vez que intenta calmarlo. allí le limpia la herida y le extrae pequeños trozos de cristal con unas pinzas. le pone una venda y le suplica que vaya al médico.<br />
      él accede a ir de urgencias. ella solicita por teléfono un taxi que en diez minutos se presenta. el hospital no está lejos y rápidamente es atendido. mientras le curan no deja de pensar en su futuro. la venganza es la única idea que le pasa por la cabeza, así que ha decidido realizar el último y mejor trabajo de toda su carrera. y además gratis.<br />
      ya en casa, da vueltas alrededor de la mesa. enciende un cigarrillo tras otro. de su cerebro surgen todo tipo de planes. ella calla y observa. sabe que cuando él piensa nadie debe molestarle.<br />
      transcurridos “tres paquetes de tabaco”, la mira fijamente, sonríe y le guiña el ojo. ya tiene un plan. se pone en marcha. varias llamadas por teléfono e instrucciones para ella. la conoce a fondo y confía totalmente en que hará todo lo que le pida.<br />
son las 21:45 horas y él llega puntual a la cita. nunca se retrasa. es básico para un profesional si quiere ser el mejor. antes de entrar al restaurante, dos matones, los típicos descerebrados de gatillo fácil, se interponen en su camino. le registran, de arriba abajo, asegurándose que no lleva ningún arma encima. “después de ser despedido, podría cometer una locura”. una vez comprobado que está limpio, le dejan pasar.<br />
     en la primera mesa y frente a la puerta, el jefe le espera sentado. se levanta y le extiende la mano. él le enseña la suya vendada y le sugiere un abrazo como signo de amistad. a continuación, llama al camarero. “si ha de morir que sea con el estómago lleno”.<br />
    —¿qué te ha pasado? —dice el jefe.<br />
    —nada grave. me corté fregando platos.<br />
    —los hombres debemos dejar esas tareas a las mujeres. han nacido para eso.<br />
    —¡bien, dejemos ese tema! he recibido el fax.<br />
    —robert, sabes que yo te aprecio pero las cosas han cambiado.<br />
    —lo sé jefe. lo sé —le contesta con ironía.<br />
    —mira, estamos dispuestos a darte una buena suma por los años que has colaborado con nosotros.<br />
    —no necesito vuestro dinero. nunca lo he necesitado. trabajaba porque era una forma de acercarme a la perfección y he llegado a ser el mejor especialista. he cumplido mis encargos con fidelidad.<br />
    —sí, claro pero&#8230;<br />
    —y ahora me dais una patada en el culo.<br />
    —pero, escucha&#8230;<br />
    —¡no! escúchame tú a mí. tengo suficientes pruebas como para que tu y toda la cúpula os pudráis en la cárcel. y a ti, especialmente, no te gustaría encontrarte de nuevo con vladimir. está deseando romperte tu precioso culito.<br />
    —eso te llevaría a la tumba.<br />
      el jefe agachó la cabeza y le sorprendió ver una mancha de sangre en la camisa. miró la mano vendada de robert y buscó rápidamente su pistola.<br />
    —¿es esto lo que buscas? —dijo él enseñándole la pistola. no solo sabía como matar a una persona sino que además era muy rápido con las manos. podía robarte cualquier cosa del bolsillo sin que sintieras el más mínimo roce.<br />
los coches patrulla reciben un mensaje. una mujer avisó a la central que a las 22h. en punto de la noche, un hombre mataría a otro en el restaurante sicilia. ponen las sirenas y aceleran. les queda poco tiempo para evitar un posible asesinato. las ruedas chirrían cuando frenan. los dos gorilas, que se ven rodeados de policías inesperadamente, huyen perseguidos por varios agentes.<br />
      dentro, el jefe se teme lo peor. pero, ante su sorpresa, robert con una servilleta limpia la pistola, la pone sobre la mesa y le da un ultimátum.<br />
    —o me matas ahora o cogeré la pistola y seré yo quien te mate.<br />
    —¡estás loco! siempre has estado loco.<br />
    —tienes cinco segundos para decidirte. uno, dos, tres, cuatro&#8230;<br />
      el jefe coge la pistola, se levanta y le apunta. en ese momento entra la policía y se encuentra cara a cara con el jefe.<br />
    —¡alto, policía!<br />
      agazapados, los clientes oyen un disparo. un cuerpo cae a tierra. alguna mujer grita. después se hace el silencio.<br />
   tras un exhaustivo interrogatorio robert queda en libertad vigilada. vanessa oye sonar el teléfono y, con el corazón en un puño, contesta. al otro lado de la línea una voz le tranquiliza. <i>soy yo, cariño. todo ha salido perfecto. como siempre.</i></p>
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		<title>otra cerveza?</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2004 16:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ylek</dc:creator>
				<category><![CDATA[cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[23 de Julio Juan llegó a su casa a la misma hora de siempre. La puntualidad era un deber. Cansado por la dura jornada, se desplazaba lentamente. Guardó su maletín en el lugar ideado para ello. No podía ser de otro modo. El orden es fundamental para una vida placentera. Al entrar en el salón, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>23 de Julio<br />
Juan llegó a su casa a la misma hora de siempre. La puntualidad era un deber. Cansado por la dura jornada, se desplazaba lentamente. Guardó su maletín en el lugar ideado para ello. No podía ser de otro modo. El orden es fundamental para una vida placentera. Al entrar en el salón, saludó y dió un esquivo beso a Elena que en aquel momento yacía tumbada en el sofá. La educación ante todo. Se quitó la corbata, la dobló con sumo cuidado y la colgó en el armario. Hizo lo mismo con el resto de su ropa y se puso las zapatillas. A continuación se dirigió a la cocina, cogió los platos que con anterioridad había preparado Elena, los metió en el microondas y esperó a que se calentaran. Los llevó a la mesa. Se sentó sin arrastrar lo más mínimo la silla, había que respetar el descanso de los vecinos. La buena cordialidad entre la comunidad era un fundamento básico.<br />
   Mientras Juan realizaba dichas tareas, Elena apuraba el periódico leyendo las últimas noticias. Nada de extraordinario. El planeta continuaba su particular carrera hacia la autodestrucción, guerras en los cinco continentes, accidentes nucleares, el efecto invernadero, la desertización, el agujero de la capa de ozono, el hambre y la sed, los maltratos familiares, la tortura, el fanatismo religioso, las vacas locas y la fiebre aftosa&#8230; etc. Demasiados problemas para digerir en una tarde. Pero ella era afortunada. Quince años de matrimonio y se querían como el primer día, a pesar de la exagerada afición de Juan por la perfección. Todos tenemos algún defecto – pensaba. La cena transcurrió en silencio. Juan la miraba y ella sonreía.<br />
<span id="more-286"></span><br />
24 de Julio<br />
Alfredo apagó las luces y se acercó a la ventana. Corrió las cortinas y parapetado tras ellas, observó con unos prismáticos nuevos, comprados para la ocasión, el apartamento de enfrente. En él, una mujer madura quitaba el polvo de los muebles, barría y fregaba el suelo. Alfredo disimulaba su imagen de adolescente con un proyecto de bigote, pero el acné le delataba. No tenía una gran experiencia en el tema sexual. Bueno, a la Silvia una vez le tocó los pechos, pero no se enteró de nada debido a su estado de embriaguez. Sudaba y aunque el calor era sofocante, esa no era la causa. Su mente iba más allá de que allí veía. Su imaginación le descubría los íntimos secretos de un excitante cuerpo. La camiseta ceñida y el pantalón corto y ajustado de la vecina dejaban entrever unos puntiagudos pezones y un redondeado trasero. Más tarde y para desilusión de Alfredo, desapareció en lo que supuso era la cocina.</p>
<p>25 de Julio<br />
Antonio solo debía entregarle las carpetas con el expediente del nuevo cliente, pero esperó a que Juan acabara de hablar por teléfono. Quería saber que era lo que le preocupaba últimamente. Le pasaba algo y deseaba ayudarlo. Juan además de compañero era un buen amigo.<br />
   —¿Qué té pasa? Estás raro.<br />
   —Llevo una semana que no duermo. Me paso las noches dándole vueltas a un pensamiento. Sospecho&#8230;<br />
   —¿Se trata del caso del joven condenado por violación?<br />
   —No, no es nada relacionado con el trabajo. Se trata de Elena. Ultimamente se arregla demasiado. Se pinta y a menudo va a la peluquería. Creo que tiene un “lio”.<br />
   —Venga tio. Elena te quiere. Jamás haría una cosa así. Es feliz contigo. Se le nota en la cara cuando te mira.<br />
   —Mira, yo la quiero con locura y si me dejara&#8230; sería capaz de suicidarme.<br />
   —Oye, yo te aprecio mucho y creo que deberías hacerte un favor: deja a un lado los celos, piensa que todo se aclarará y comprobarás que solo era una tontería sin importancia.<br />
   Juan, ante la perplejidad de Antonio y sus compañeros, se marchó dos horas antes de lo habitual de la oficina. Su plan se limitaba a pillar “in fraganti” a los supuestos amantes.<br />
   Elena entró corriendo. Ni siquiera se fijó en que la ventana estaba abierta. Sacó de la bolsa lo que había comprado y se fue directa a la ducha. Quería sorprender a Juan. Hacía dias que se mostraba escurridizo. Evitaba todo contacto sensual. Quizás ya no la encontraba atractiva. Por eso se compró un conjunto de fina lencería, para estar lo más bella posible. Su intención era reconquistarlo. Que volviera a sentir una pasión lividinosa irremediable. Se duchó, se perfumó y se pintó los labios de rojo carmín. Se puso la ropa interior y se tapó con una bata de seda. A continuación se dispuso a preparar el mejor de sus platos. Ya se sabe que una suculenta cena puede ser el preludio de una interminable noche de amor.<br />
   Elena se asustó cuando oyó el ruido de unas llaves abriendo la puerta de la calle. No podía ser Juan. Dos horas antes&#8230; imposible. Pero la evidencia le dejó más que atónita. Juan entró como un toro, con ojos desencajados, resoplando. Tiró el maletín al suelo y sin saludar pasó por delante de ella. Comenzó una desesperada búsqueda, abriendo y cerrando puertas, golpeando marcos y muebles. Elena le seguía con los brazos abiertos, preguntándole que era lo que le pasaba y él no dejaba de gritar: ¿dónde está? ¿dónde lo has escondido?<br />
   Alfredo pidió una cerveza al camarero. Esperó, en el bar, la llegada de sus amigos que a aquella hora solían reunirse para conversar y contarse las novedades del día. Los sucesos acaecidos en el Instituto y los planes para el fin de semana. Junto a él se sentó Javier, más conocido con el alias de “el Manara” por su afición al autor de “el clic”, el famoso comic erótico. Como era de esperar, la conversación trascendió por los devaneos amorosos de unos principiantes ávidos de descubrir todo lo referente al sexo y sus consecuencias.<br />
   —Esta tarde ha sido genial. ¿Te acuerdas de la vecina de la que te hablé? Pues, hoy, llegó a su casa con una bolsa, de esas de moda, de las que cualquier prenda ridícula te vale un “ojo de la cara” y sacó unas braguitas y un sostenedor, impresionantes, de color negro con encajes. Después se fué a la ducha y se presentó delante de la ventana&#8230; tal como su madre la trajo al mundo.<br />
   —¡No jodas, tio! ¡Que fuerte!<br />
   —No te puedes imaginar el cuerpazo que tiene la tia. ¡Por poco me da un infarto!<br />
   —No me extraña.<br />
   —Es como una de esas tias que dibuja Manara. Y eso que cuando va vestida normal no lo parece.<br />
   —¡Cuánto hubiera dado por estar allí!, pero sigue, sigue.<br />
   —Pues bien. Luego se puso las braguitas, con tales movimientos que a mí se me caía la baba y la temperatura de la habitación subió varios grados. Me dolían los ojos de tanto apretarlos contra los cristales de los prismáticos. Cuando acabó de ponerse el sostenedor, mi pene parecía el mastil de un barco y sin masturbarme llegué al mejor orgasmo de mi corta vida sexual.<br />
   —Seguro que lo hizo a propósito. Para ponerte caliente y después dejarte con los dientes largos.<br />
   —Yo creo que a esa tia le va el rollo “voyeur”. A su marido no se le debe levantar y busca saciarse con miradas obscenas de un joven como yo.<br />
   —¿Y como acabó todo?<br />
   —Pues, sucedió una cosa muy rara. El marido siempre llegaba a las nueve de la noche y hoy se presenta a las siete. Yo pensé que cuando la viera, semidesnuda, le arrancaría la bata de un tirón y  lo harían allí mismo pero&#8230; el tio entró como un loco, gritando, gesticulando y dando golpes por todas partes y la vecina caminaba detrás de él con cara de alucinada.<br />
   —¡Vaya pasada!<br />
   —Y que lo digas. ¿Otra cerveza?</p>
<p><i><a href="mailto:betros2@hotmail.com" target="_blank">Betros</a></i></p>
<p>este es otro de los cuentos betros (escritor, español y por sobre todas las cosas amigo), se acuerdan del <a href="http://todolosolido.f2o.org/archivos/000226.php">anterior</a>?</p>
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		<item>
		<title>la mayor y más satisfactoria meada de mi vida</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Feb 2004 02:28:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ylek</dc:creator>
				<category><![CDATA[cuentos]]></category>

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Mi vejiga estaba a punto de estallar. No me lo pensé dos veces. Entraría en el primer bar que viera. A escasos metros, tropecé con uno y entré. Ya desde el primer instante me pareció un poco raro. Se encontraba vacío y el camarero, ignorando mi presencia, leía un periódico deportivo bajo una tenue luz. Le di los buenos días y pregunté por los servicios. Con un dedo, sin apartar la mirada del diario, me señaló tres puertas totalmente idénticas. Un cartel, con las siglas WC, me indicó la correcta. Abrí y pasé a una sala que, curiosamente, solo tenía tres puertas idénticas; nada de sanitarios. Lo malo es que esta vez ningún cartel marcaba la diferencia. Decidí probar con la del centro. Accedí a un pasillo alargado y estrecho. Al fondo, en la penumbra, la silueta de una mujer me hacía señas. Sin decir ni una palabra, gesticulando, me invitó a entrar en una nueva sala. Mientras me dirigía hacia ella, pude observar los cuadros que colgaban de las paredes. Pinturas de colores oscuros que mostraban escenas tenebrosas, caras deformes de personajes sanguinarios, máquinas y herramientas de tortura, etc. Creí que, por fin, entraba en el lavabo cuando al encender la luz me di cuenta que se trataba de una habitación, en forma de cubo, compuesta de seis enormes espejos. Me veía retorciéndome para contener, como fuera, mi urgente necesidad de orinar. Quise, instintivamente, volver atrás pero la puerta se había cerrado y carecía de  tirador. Intenté, en vano, abrirla utilizando mis diminutas uñas. Me di por vencido, tras un frustrado forcejeo. Pensé que debía existir una salida alternativa. La busqué, tanteando milímetro a milímetro toda la superficie. No encontré ningún resquicio, ningún rastro de una posible puerta oculta. La única posibilidad era empujar con la esperanza de que alguna de las paredes se desplazara. Sentía una mezcla de miedo y curiosidad. No podía creer que aquella kafkiana e involuntaria aventura me estuviera pasando a mí. Acerté en mi deducción y la pared de la izquierda se movió; levemente pero se movió. Aumenté la presión y ella sola se desplazó lo suficiente para dejar al descubierto una escalera que descendía hacia un subterráneo. Sin dudarlo, bajé lentamente por ella. Una mísera bombilla amarillenta iluminaba lo suficiente para guiarme en la semioscuridad. Accedí a un túnel, de grises y húmedos muros de cemento, por el cual discurría un pestilente riachuelo. Avancé por él, en dirección a unos rayos de luz que se filtraban a lo lejos. Cuando había caminado unos cien metros, una puerta de robustos barrotes metálicos me obstruía el paso. Estiré de ella con tanta fuerza, pues no me esperaba que se abriera fácilmente, que con el impulso resbalé, cayendo de espaldas. Justo en el momento de chocar contra el suelo, un agudo chillido me hizo estremecer. Me levanté de un salto y dirigí la mirada hacía el origen de aquel escalofriante sonido. Una rata había sido literalmente aplastada por el peso de mi trasero. No pude aguantar más y salí corriendo. Una intensa luz cegadora hizo detenerme bruscamente. Me tapé los ojos con las manos hasta que mis pupilas se fueron adaptando poco a poco. Entonces, los abrí y descubrí que me encontraba frente al mar, en una soleada playa de la ciudad. Sonreí. Ahora, ya más tranquilo, comprendí que la pesadilla había acabado. Saqué un paquete de tabaco de mi bolsillo y cogí un cigarrillo. Mientras aspiraba el humo con relajantes caladas, realicé la mayor y más satisfactoria  meada de mi vida.</p>
<p><big><i>Betros</i></big>
</div>
<p>este es el primero de una serie de cuentos, de un escritor español al que por el momento llamaremos <b>Betros</b>, que se iran publicando en Todo lo sólido &#8230;se desvanece en el aire.</p>
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